Scumpeter y su camino al socialismo (6)

Su especialidad era la Fisioquímica, pero, hombre insatisfecho, se dedicó a la Epistemología de la ciencia, y, tras ella, a la de las ciencias sociales. Michael Polanyi hizo de entre sus trabajos acerca de la labor científica un descubrimiento central que reconoció asimismo en las sociedades: que la espontaneidad humana, entendida como colaboración libre entre personas comprometidas en una tarea, sin necesidad de planificación, esto es, de asignación dirigida de pasos a seguir por parte de una Autoridad central y centralizante, funciona por sí misma de la forma más efectiva posible.
Polanyi utiliza la imagen de un gran rompecabezas donde todos colaboran en su resolución y donde los pasos dados por los participantes condicionan los pasos del resto del conjunto en orden a la resolución del enigma. Nuestro autor aplica el término adaptación, pero ésta es humana pues los esfuerzos de los participantes tienen una connotación racional y todos se ven comprometidos en una empresa común. Por contra, resolver un rompecabezas bajo las directrices y el control de una autoridad no sólo sería ineficaz en comparación, sino que además el efecto de la cooperación entre los participantes sería nulo.
Es más: un funcionamiento dirigido/centralizado está coordinado pero de una forma especial (amputada) : cada participante de una pirámide tiene como principal contacto laboral a una persona en un nivel inmediatamente superior o bien inferior al suyo; cualquier contacto significativo fuera de esta jerarquía laboral (una adaptación por contacto con alguien del propio nivel o más allá del nivel inmediatamente superior) cortocircuitaría la estricta línea de autoridad establecida por el sistema centralizado.
En el caso soviético, y tras el primer experimento centralizador, Trotski escribió acerca de las dificultades de establecer una cabal Planificación Centralizada afirmando que: “… se necesitaría una Mente Universal como la que concibió Laplace para que un sistema de estas características obtuviera buenos resultados” (pag 144 Polanyi citando a Trotsky de “Economía Soviética en peligro”), y, más explícitamente escribió. “…es necesario mantener ciertas proporciones; para regular la enorme y desorganizada vida económica de manera que las distintas partes mantengan las conexiones necesarias y se alimenten mutuamente…lograr esa proporción, ese nivel de correspondencia interna, es una tarea difícil que el gobierno soviético aún no ha concretado” (del Russische Rundschau, Moscú, 22 de diciembre 1920, pagina 7 ).
Este experimento tuvo así un epílogo: en marzo de 1921, Lenin canceló algunas medidas de planificación y permitió la reintroducción de relaciones comerciales características del capitalismo gracias a lo cual se consiguió una notable recuperación económica.
La ilusión de tal posibilidad autoritaria es ejemplificada por Polanyi trayendo a colación al antropólogo Malinowski que ya señaló tras numerosos estudios que “…la atribución de podres mágicos a los grandes caciques les confiere una autoridad para el liderazgo que es indispensable para la sociedad a la que dominan.” (pag 152)
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Schumpeter y su camino al socialismo (5)

El ejemplo soviético ilumina la viabilidad según el autor:
“…en 1932 el proletariado industrial estaba ya más disciplinado que bajo el último zar….los sindicatos….se convirtieron en exponentes de los intereses sociales y en instrumentos de disciplina y rendimiento….Reconocieron el derecho del director de la industria para despedir obreros a voluntad….No se volvió a oir hablar del derecho de huelga ni del derecho de controlar la producción….” (pags 384-5).
Y ahora una ironía sangrante e hipócrita:
“Si resultara del todo innecesario aplicar sanciones las cosas irían mucho mejor. El punto esencial es que al menos un régimen socialista ha podido alentar en efecto la disciplina de grupo e imponer una disciplina autoritaria. Es el principio lo único que importa y no las formas particulares en que se ha llevado a la práctica” (pags 386-7).
Y, naturalmente, serán esenciales para el nuevo orden la enseñanza y la guía de la juventud adaptada a los objetivos de un estado con “…un ejército rojo lo bastante fuerte para sofocar la resistencia abierta…cargando a derecha y a izquierda sin distinción”. A su vez un control de industrias clave, desde las de armamento a las del cine, comercio de alimentos, etc etc. Por cierto, lo de cine nos recuerda no ya solo a Eisenstein y su “Acorazado Potemkin” sino asimismo a la labor “cultural” de la cineasta nazi Leni Riefensthal entre cuyas obras destaca “El triunfo de la voluntad” laborando por su ideal.
Cuando se ha seguido hasta el final la argumentación de Schumpeter y por mucho que en la nota que cierra su exposición afirma que ésta no se ha realizado de acuerdo a preferencias personales sino con base en su “conciencia profesional”, no puede dejarse de pensar que quizá hay un entusiasmo creciente en sus razonamientos, donde un análisis supuestamente desapasionado da pie al establecimiento de hipótesis aventuradas, una de la mano de las otras, mientras los seres individuales quedan aplastados bajo un gran par de botas cada vez más absolutas y de la forma más delirante.
Y por fin la ironía llega a su extremo cuando el final de la citada nota se cierra con un “…no significa que yo esté entusiasmado con dicha proposición, a lo que me opondría con todas mis fuerzas si fuera inglés”.
Pues no, no era inglés, era checo.

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Schumpeter y su camino al socialismo (4)

Porque, mención aparte de sus pobres conocimientos d la Unión Soviética de los años 30, no posee ningún mapa de sociedad socialista real alguna que analizar, del cual extraer consecuencias racionales. La exposición tantea condiciones productivas y organizativas futuras, las lucubra y aún cree proponerlas como necesarias.
De entrada quiere dejar claro que el único tipo de socialismo viable es el “socialismo centralista”, libre de una pluralidad de unidades de dirección económica y libre de sectores territoriales autónomos. El hecho de que niegue el carácter absoluto a la Autoridad Central o hable de un Congreso o un Parlamento es un deseo-ficción poco real.
Para el nuevo modelo social es requisito indispensable una “enorme burocracia”, un “aparato burocrático enorme y omnipresente. Todas las alternativas a dicho aparato significarían el fracaso” (p.368). Postula que este inmenso constructo no es incompatible con la democracia, y sus funciones económicas principales giran en torno a la existencia de un método “para construir un ‘mercado’ de bienes de consumo y orientar la producción según las indicaciones suministradas por el mismo” (p. 334). Paralelamente es necesario suministrar las cantidades correctas de producción para cada una de las ramas de la misma.
Se niega que el Aparato Burocrático llegue a colapsar hundido por su propio peso, y destaca que para ello se necesita reorientar el egoísmo individual, humano, motor económico ya n el capitalismo, al servicio de la sociedad, reconociendo honores, adjudicando viviendas oficiales y yates a altos cargos, etc etc.
Ahora bien, la llegada a este nuevo sistema, aunque necesaria, no es automática; las cosas y las almas han sido configuradas por el capitalismo para el advenimiento del socialismo, pero no por ello dejará de encontrarse con problemas y necesitará de una acción especial: para comenzar, con una reforma constitucional. La fundación de nuevas empresas debe estar prohibida por su carácter opuesto al proceso de socialización. No se descartan revueltas masivas por parte de la población pero se consideran poco probables por las propias características sociales y mentales tanto de la extinta como de la nueva sociedad; así pues debe ser prudente dejar subsistir pequeñas islas de libertad en el artesanado y en especial en el campesinado, clase esta última siempre tan apegada a su propiedad.
Sin embargo el ideal social que se dibuja desde el período de transición es ya confuso. Pues para que la transición se complete es necesario ese igualitarismo drástico, herencia en parte capitalista y en parte posibilitada por la prohibición de iniciativas individuales , pues toda prioridad ha de ser asignada (desde “arriba”, se entiende). Pero por otro lado como los fines de la sociedad han de tener un contenido “cultural” (este es el término que emplea Schumpeter; en su lugar puede leerse “arbitrario”, dependiente de la elección de las élites de turno o según las conveniencias de la misma élite), se pueden admitir desigualdades “hasta el grado que se desee”, alternado la producción y la distribución en la dirección deseada. Son los camaradas gobernantes los que deciden lo que crean mejor para sus gobernados y por tanto los que crean conveniente que estos trabajen más horas de las fijadas por ley (Schumpter dixit), o bien restringir el consumo o ambas cosas a la vez (Schumpeter nuevamente, claro está).
La destrucción primera de normas y agrupaciones precapitalistas y después de estratos pequeños o medianos del propio sistema es medio eficaz para la autodestrucción capitalista. Pero nuestro autor hasta el momento solo ha bosquejado ese grado de destrucción social y cómo establecer el nuevo ideal social.
Para él poco importa tratar estas cuestiones a fondo: la automatización de los procesos y de la mentalidad en las personas conducen de forma irreversible al nuevo sistema, no tan nuevo en la medida en que ya estaba presente por todas partes. De lo que se tratará de aquí en adelante será de asegurar su establecimiento lo más firme posible.
La nueva disciplina autoritaria dispondrá de medios más eficaces para imponer sus mandatos, desligada del guirigay jurídico y político del capitalismo. Además, la opinión pública será favorable a esta nueva ordenación, liberada ya de una clase intelectual, pues esta sociedad cree ya solo en sus propias normas.

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Schumpeter y su camino al socialismo (3)

Esto es la conclusión de un largo proceso que elimina la función social de reyes, nobles, sacerdotes, y desbanca con su producción barata y masiva a los artesanos y sus gremios; y va más allá, pues el pequeño productor y el pequeño comerciante de la sociedad capitalista ya constituída van desapareciendo también por la dinámica de la competencia y una creciente concentración de medios y empresarial. Ello convierte la sustancia de la libertad de contratación en un ideal cada vez más lejano, a lo cual se aúna que el descrédito de la propiedad, pues las empresas se convierten en grandes sociedades mercantiles compuestas por empleados, grandes accionistas que son ahora los antiguos burgueses de clase media-alta, poseedores ahora únicamente de paquetes de acciones. Con su participación en los órganos ejecutivos no logran más que unos rendimientos procedentes del sueldo y de las gratificaciones.
Por último, de estas grandes empresas participan pequeños accionistas que las consideran como una fuente añadida de rentas y sobre cuyo pilotaje no tienen capacidad de dirección o influencia sobre sus administradores.
Así pues, desprovisto de sentido jurídico el sistema capitalista se ve cada vez más carente de sentido político, pues los pequeños empresarios y comerciantes, toda esa antaño fecunda red, al ser fagocitada por los Conglomerados mercantiles, pierden interés en el mantenimiento del ahora decaído sistema, acabando por reflejarse su desapego en las urnas. Si a esto le sumamos, según Schumpeter, el hecho de que los ciudadanos con mayor graduación y por ende con más estudios ocupan en gran número trabajos de nivel inferior o muy inferior llegando a engrosar el persistente ejército de los parados, este grupo social, caracterizado por nuestro autor como intelectuales, espoleados por su gran descontento se convierten en una corriente de resentimiento social de un sistema que les posibilita pero que prescinde a su vez de ellos.
La situación social toda muestra cada vez mayor hostilidad hacia los amos del capital hasta el punto en que, educados e influenciados por sus enemigos, la burguesía va cediendo a las consecuencias de este nuevo credo, desapareciendo a su vez las condiciones sociales que la hacían posible. El resultado no es otro que su extinción al ser integrada su función en el anonimato del automatismo.
Realizada la descripción de la demolición del sistema capitalista, Schumpeter lleva a cabo la exposición del Plan Socialista para regir los destinos económicos y con ellos la sociedad toda. Hasta el momento hemos visto un análisis de gran penetración de las condiciones socio-económicas; a partir de ahora el aspecto analítico descriptivo dará paso a un modelo de exposición de ideas muy diferente.

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Schumpeter y su camino al socialismo. (2)

A tal efecto la organización se enfoca en la producción masiva de bienes baratos con unos precios a la baja dada la competencia entre empresas por colocar su producción; a su vez, los problemas de suministro a las masas son continuamente solucionados. El resultado es una creciente y amplia prosperidad generalizada. Ahora bien, para mantener esta dirección y que el proceso no sea víctima del estancamiento hay que renovar el apetito por nuevas necesidades en el consumidor al tiempo que los métodos de producción, las fuentes de abastecimiento, nuevas aplicaciones técnicas, el transporte y aún la misma organización industrial: las antiguas formas han de ser sustituidas por nuevas, con discontinuidades inevitables pero incesantemente, atacando inevitablemente los cimientos mismos de las empresas competidoras, forzándolas por su parte a abordar su propia renovación, su propia reinvención para poder seguir compitiendo y con ello seguir existiendo.
Schumpeter concluye que el funcionamiento de esta máquina de innovación que es el capitalismo es la opción más racional y fructífera, que colma los deseos de los más “iluminados” prometedores del bienestar en este mundo, y que no existe elección posible basada en las ideas, los gustos o la moral por parte del pueblo que se constituye en una opción alternativa viable.
Y sin embargo nuestro autor da paso a otra tesis que no deja por ello de ser racional: los logros pasados no garantizan por sí mismos que el futuro pertenezca al capitalismo. La causa de ellos radica ya en el interior del propio sistema: una serie de fenómenos internos revelan un cambio de dirección.
“El mismo progreso puede mecanizarse tan bien como la gestión de una economía estacionaria, y esta mecanización del progreso puede afectar al sistema de empresa y a la sociedad capitalista…. Así pues el progreso económico tiende a despersonalizarse y automatizarse. El trabajo de oficina y de comisión tiene de a reemplazar la acción individual….Como a causa de sus propios logros la empresa capitalista tiende a automatizar el progreso, concluimos que tiende a volverse superflua, a saltar en pedazos bajo la presión de su propio éxito.” (p.248, 250,252). Con ello, la función del empresario capitalista desaparece y por ende su clase.

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Tolstoi. Ivan el imbecil

Altamente recomendable la lectura de este cuento de Tolstoi.

Ivan el Imbecil, apodado así supuestamente por su falta de inteligencia, es el tercero de cuatro hijos. El primero, con ambiciones guerreras, el segundo con ambiciones comerciales, y la cuarta, una hermana muda que parece estar al servicio enteramente de la familia.

El cuento comienza con una estructura tipica de cuento, sigue por unos derroteros que a mi me confundieron pues creia que no iba a ningun lugar definido, y una última parte modélica donde viene el verdadero mensaje de Tolstoi que hacen de este cuento uno de sus mejores si no el mejor.

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Schumpeter y su camino al socialismo

Penetrante análisis el de Schumpeter en su obra “Capitalismo, Socialismo y Democracia”
Bastantes años ha emprendí su lectura pro no llegué a conclusión relevante alguna. Fue mucho después, tras leer retazos de su obra póstuma, “Historia del análisis económico”, un auténtico tocho vendido a precio de saldo por una biblioteca entre otros que no despertaron interés alguno entre sus lectores, que pude observar con grata satisfacción la competencia racional del autor checo, no encerrada en límites especializados.
En esta relectura de la citada primera obra he descubierto un panorama hasta ahora solo intuido pero con él explicitado: la destrucción de una clase en virtud de su propio desarrollo histórico. Hablo de una clase, la burguesía, y no de un sistema, el capitalista, por dos razones. La primera nos sacaría de nuestro tema, así que sólo la dejo apuntada: el capitalismo es de largo el movimiento revolucionario más fructífero, pero que no deja de ser una variante del productivismo, realidad más amplia y cuyas raíces más profundas pertenecen a una amplia concepción, aunque teórica, de lo que se conoce como “progreso”.
Con la segunda razón anticipo en buena medida el análisis que voy a realizar : el capitalismo está lejos de desaparecer de la historia; no niego que pueda subsistir, si bien minorado, incrustado en un mundo de pertenencias y lealtades mucho más fragmentadas. El burgués como raza, ideal, constituirá una excepción en un mar salpicado de islas dedicadas a la religión de la producción y sus tasas de inversión de capital. Que exista “progreso” en estas futuras islas es harto improbable sin la transmisión y difusión de ideas compartidas tal y como hoy se lleva a cabo. Eso sí, lo que seguro que no existirá será esa sociedad marcada por un Estado Socialista que aventuró Schumpeter y que según él es lo único que subsistirá en tanto que modelo económico viable.
Y es que Schumpeter escribe su ensayo hacia 1935. La implosión de los modelos socialistas bajo su propio peso (un peso que no es solo ni fundamentalmente económico) le era por fuerza desconocido.
¿Cuáles son los trazos más característicos según Schumpeter del modelo económico capitalista?. No pierde de vista que está arraigado en una civilización, pero este arraigo no será el factor decisivo, pues lo cierto es que la civilización irá a su vez arraigándose en ese modelo: los hábitos mentales capitalistas serán aplicados de forma más general alcanzando a la gestión de hospitales, el arte, el pacifismo….y, naturalmente, en la actividad comercial e industrial; unos hábitos que determinan el mismo proceso elucubrador del pensamiento humano.
Toda la actividad capitalista está enfocada a servir y crear nuevas necesidades para el conjunto de la población

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